EDICIÓN POPULAR EN ESPAÑOL: Contra todas las guerras, resistencia popular
Cuando esta edición de nuestro periódico salga a la calle, quizás la masacre ordenada por George Bush contra el pueblo iraquí haya concluido o sencillamente habrá pasado a la segunda fase con la ocupación ilegal de una nación entera. Según escribo, bombas de precisión, misiles tomahawk, bombas de uranio empobrecido y todo el arsenal del horror llueven sobre una población indefensa. A los que nos hemos opuesto a esta guerra ya sólo nos queda desear que la carnicería concluya pronto y que las víctimas no sean muchas.
Eso y seguir saliendo a las calles, a expresar nuestra rabia contra esos hombres poderosos, encerrados en sus despachos y en sus búnkeres, decidiendo sobre la vida y la muerte de miles o quizás millones de otros seres humanos, como si dioses fueran.
Las protestas no han impedido la guerra. Las protestas, aunque sean tan vigorosas como las que sacudieron nuestra ciudad al día siguiente de que empezaran los bombardeos, no la van a parar. Las protestas no van a lograr que las sucias manos del capitalismo yanqui se llenen con el botín de esta guerra: el petróleo iraquí. Lejos de detenerse, el carnicero pendejo de la Casa Blanca se envalentonará, pensando que ahora por fin tiene el poder de definir el mundo de acuerdo a su corta visión. Un mundo dividido entre buenos y malos, y en el cual cabe a él, el cretino sediento de sangre, decidir que cosa es el bien y que cosa es el mal. Sólo de esa manera puede darse que el asesinato de miles de civiles sea obra del bien.
A Iraq le seguirán otros. Muchos hablan de Irán y Corea del Norte, pero nosotros, los pueblos latinoamericanos, también tenemos que estar preparados.
No podemos olvidar que los Estados Unidos, bajo cualquiera de sus gobiernos, ya fueran republicanos o demócratas, nunca han guardado el mínimo respeto por la soberanía de nuestras naciones. Hoy día, la furia de la bestia gringa se derrama en los desiertos y ciudades de Oriente Medio, pero mañana pudieran ser Colombia o Venezuela, donde en estos momentos ya hay una gran presión por parte del imperio gringo para destruir la resistencia popular.
También los inmigrantes latinos empezamos a sufrir las consecuencias de la guerra total de Bush. Muchos han sido detenido en sus puestos de trabajo, especialmente los que trabajaban en los aeropuertos, y esperan deportación. Para nosotros que no somos ciudadanos de este país, el miedo a caer en las redes del nuevo Departamento de Seguridad Nacional se convierte cada día más en una amenaza real. Con el mundo paralizado, aterrorizado por el descubrimiento de que las normas internacionales ya no se aplican y que la nación más poderosa de la tierra no reconoce límites a sus designios, el gobierno se volcará en reducir a escombros lo que quede en pie de la ya muy debilitada democracia americana.
Desde el 11 de septiembre, el gobierno ha ido poniendo en práctica una serie de reformas legales y administrativas que le permitirán seguir por el camino de convertir a los EE.UU. en una dictadura fascista. Por supuesto, las primeras víctimas no serán los ciudadanos americanos. Los primeros en sufrir en sus carnes el terrorismo de estado norteamericano, ya lo son, los inmigrantes árabes, musulmanes y del sur de Asia , o nosotros mismos, los inmigrantes latinos en este país.
Sin embargo, los inmigrantes somos cada día más numerosos, y lo seremos todavía más, puesto que la política del imperio sigue hundiendo a nuestros países en la miseria y empujándonos a la emigración.
Con nosotros traemos el dolor de quienes hemos dejado atrás a nuestras familias y seres queridos, pero también la sabiduría de nuestros pueblos, acostumbrados a la lucha y la resistencia.
También traemos, en las palabras de Durruti, asesinado en otra guerra contra el pueblo en 1936, “un mundo nuevo en nuestros corazones.” Hoy nos duele el sufrimiento iraquí. Nos duelen los muertos inocentes, las familias desgarradas, las ciudades arruinadas, la tierra contaminada por las bombas.
Nuestro dolor no ha de ser en vano. Honremos a las víctimas de la matanza con nuestra resistencia y solidaridad.
@santabarbara